miércoles, 20 de julio de 2016

Amistad verdadera



La verdadera amistad es como el agua:
fluye, es transparente y genera
una energía arrolladora,
que arrasa cualquier tristeza a su paso,
que salva tu vida en medio de la nada.

domingo, 3 de julio de 2016

Helena

Amo tus raptos de vida que agitan mi vientre fecundo.
Amo tus diminutos dedos que me acarician en sueños infinitos.
Amo la imagen borrosa que atesora tu rostro de niña.
Amo el respirar profundo que altera tu aparente calma y espanta mis miedos.
Amo el poder de fuego que infunde en mí tu nombre.
Amo cada marca que imprime tu cuerpo en mi cuerpo.
Amo tus despertares nocturnos y mis desvelos programados.
Amo la música que nos une en una danza imperceptible y secreta.
Amo tus dulces señales cuando la angustia me oprime el pecho.
Amo tu vivaz respuesta cada vez que mi voz te busca en la quietud.
Amo tus latidos, sagrada melodía para mis oídos.
Amo tu presencia en nuestras vidas.
Te amo, Helena, hija mía.



domingo, 12 de junio de 2016

Indias Blancas --- Florencia Bonelli

"... Laura, envarada entre los brazos del indio, lo contemplaba fijamente, ahora más interesada en las facciones de ese rostro ranquel que en el enojo que destilaban. Le suavizaría el gesto con una caricia, le pasaría la mano por la frente y le borraría el ceño, le rozaría la mandíbula para que se le relajara la boca. No sofrenaría el impulso de tocarlo. Liberó el brazo y le acarició la frente, y la sien y el contorno de la mandíbula, y le pasó la punta de los dedos por los labios gruesos y sobre la barbilla también, tomó un mechón de pelo y le palpó la dureza y el espesor.
Nahueltruz también la tocó y, al apoyarle la mano sobre el rostro, experimentó una corriente fría que se le desplazó hasta a entrepierna. Siguió la necesidad de tocarle los labios, de besarle las mejillas, el cuello, el escote, y de olerla, de verla reaccionar. Bajo la aspereza de sus dedos, la piel de Laura se le antojó como la crema, espesa, suave y blanca, increíblemente blanca, con una luminosidad alablastina exacerbada por lo oscuro de su piel.
Se estaban mirando, había serenidad en sus semblantes, un vacío los rodeaba, soledad absoluta, silencio, bienestar, habían acabado los problemas y peligros, lo que contaba era la presencia del otro. Nahueltruz se inclinó y apoyó ligeramente sus labios sobre los de Laura, que se estremeció. El cuerpo le quedó blanco de placer, los músculos no le respondían, las piernas parecían hechas de azúcar. Se aferró al cuello de Guor y experimentó todo al mismo tiempo: las manos de él cerrarse en torno a su cintura, el asalto repentino de sus labios carnosos que le devoraron los suyos, el ímpetu de su lengua que la poseía sin aguardar, la respiración agitada que le golpeaba el rostro, la energía brutal que manaba de ese hombre y que la envolvía, una intensidad que ella misma experimentaba, un sacudón que le potenciaba los sentidos, una dicha que no tenía explicación.Se sentía a salvo, cobijada  por la fortaleza de ese indio, casi un ser invencible, como un héroe de la mitología griega que había enfrentado al tigre y al puma de la Pampa...".